Legado

 

La belleza de esta zona ha sido recogida por cronistas y viajeros.

La singularidad de Padules y lo atractivo de su entorno fue recogida a principios de siglo por Eladio Guzmán, quien afirmaba que la Vega de Padules es muy buena y sobre todo tiene un don que no suelen tener todas las vegas: el de tener agua en abundancia, pues casi todos los hacendados son accionistas de la célebre Acequia Gorda, la cual es dadivosa y liberal en extremo.

Además hay otras fuentes para los parajes que aquélla no domina. Desde el pueblo se ofrece a la vista del observador la llamada Vega de Abajo, situada en una hondonada donde se crían ricas uvas que parecen pequeñas esferas de azúcar, con la palidez de la cera y la transparencia inmaculada del cristal.

En las inmediaciones de Padules, continúa el cronista, hay a orillas del río unas alamedas frondosas en donde suenan orquestas de ruiseñores en las claras noches de plenitud lunar.

Al rayar el día, la alondra entona la rotundas notas de su saludo cordial, el murmullo del agua suena en las oquedades con modulaciones de misterio.

La negra e ingente silueta de la sierra parece un índice gigantesco de elocuente de presión que avisa al caminante, perdido en la soledad y en la llanura, la ruta de destino.

FIESTAS Y COSTUMBRES

Del 16 al 18 de enero, en honor de San Antonio Abad (patrono), se celebra la mayor fiesta del pueblo, ya se han perdido el Entierro de la Zorra y la Marranica.

El Sábado de Gloria es curiosa la fiesta del Resucitaillo: se adornan las casas y las calles del pueblo con macetas, la plaza de la iglesia con motivos vegetales y se colocan tarascos (muñecos de trapo) y comienza la procesión del encuentro de Jesús y María.

GASTRONOMIA

La cocina tradicional de Padules se distingue por sus artesanos guisos y sus vinos de producción propia. Podemos destacar: el Potaje de hinojos, el potaje de trigo pelado, el potaje de acelgas, la fritada de conejo, el revuelto de collejas, con un Vino clarete (zurrache) de elaboración artesanal. Dulces: Merengues, soplillos, pan dormido o pan de mosto de uvas.

Toda una descripción, esta crónica, según los estilos de principios de siglo, de una paisaje que se conserva íntegro, con la rotundidad que se ha señalado, y del que todavía se puede disfrutar, si el viajero se acerca hasta el Norte de la provincia, para introducirse en la comarca del Andarax.